Inteligencia emocional

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¿QUÉ SON LAS EMOCIONES?

Son impulsos que nos llevan a la acción. Si no hay emoción no nos moveríamos ni tampoco recordaríamos absolutamente nada.

Cuando traemos un recuerdo al presente, lo logramos reviviendo una emoción. Al hacerlo estamos actualizando aquel recuerdo. Esta es una de las bases por la cual entendemos que para el inconsciente no existe el pasado.

Cuando vivenciamos una situación que no tenemos integrada, podemos sufrir una alteración emocional al no tener precedentes de lo que ocurre, ya que no contamos con recursos para responder a dicha situación.

Solemos decir: “no digas eso que me molesta”, y es allí donde debemos poner atención puesto que puede deberse a una reacción automática. Deberemos preguntarnos ¿qué hay detrás de esa reacción?

Tenemos que tener en cuenta que el impulso es el vehículo de la emoción y que la raíz de todo impulso es un sentimiento expansivo que busca expresarse mediante la acción.

El problema surge cuando esto nos invade y nos sentimos atrapados en esa emoción. Esto provoca que sintamos arrepentimiento y luego culpa.

Puede ocurrir que vengan a nosotros las siguientes preguntas: ¿cómo pude decir eso? ¿cómo se me ocurrió decirlo?

Ese es el momento clave para ser conscientes que las emociones tomaron el control. Una buena opción para nuestro bienestar y crecimiento es aprender a gestionar nuestras emociones. Autoindagando el PARA QUÉ de ciertas situaciones que nos alteran, el POR QUÉ nos expresamos de cierta manera y buscando esa programación inconsciente. Así llenaremos nuestra vida de comprensión, logrando atravesar estas pruebas que la vida nos coloca día a día.

La ciencia nos ha enseñado que en la medida que empezamos a desarrollar esa capacidad de autobservación o autoindagación se activa en nosotros una autorregulación de las regiones neurocorticales, que son las que dan explicación a los sucesos y nos permiten controlar nuestros sentimientos. Cada vez que lo hacemos, nuestra racionalidad para adaptarnos a situaciones de estrés es fortalecida. De alguna forma vamos adquiriendo el hábito de afrontar situaciones que antes temíamos.

Además de ayudarnos a superar estados de ansiedad, miedo, ira, enojo, tristeza, etc.

Cabe hacer la diferenciación entre EMOCIÓN Y SENTIMIENTO: una emoción es lo que nos impulsa a la acción, es espontáneo y escapa a nuestro control. En cambio, un sentimiento es la interpretación de determinada emoción, perdurable en el tiempo y somos conscientes de ello.

Teniendo en cuenta la explicación anterior, nos adentramos en el concepto de INTELIGENCIA EMOCIONAL:

Podemos definirla como la capacidad de ser conscientes de nuestros estados emocionales y el de los demás.

Una gran parte de las personas cree que es fácil detectarlos, pero esto no es así en la mayoría de las situaciones. Para cuando nos damos cuenta de nuestro estado emocional ya estamos atrapados en él, siendo imposible volver atrás, llevándonos luego a los mencionados arrepentimientos.

Entonces ¿cómo hacemos para aprender a gestionar los estados emocionales?

Comenzamos tomando consciencia de que las cosas no ocurren por casualidad, sino que siempre estamos frente a nosotros mismos (ley del espejo). No debemos perder de vista que el otro solo nos refleja todo lo que internamente somos. Se trata ver nuestras cualidades, virtudes, defectos y debilidades en la persona que tengamos en frente. Si hay algo que por alguna razón nos disgusta, existe para que podamos cambiar lo que internamente tenemos y no podemos ver.

Además, de esa manera estamos tomando consciencia de nuestros estados emocionales. Los miramos desde una distancia que no nos afecte, convirtiéndonos en un “YO OBSERVADOR” que ve al “YO CONFUSO”. Así estamos creando un espacio-tiempo entre ese impulso emocional y la expresión de nuestras acciones.

Esto nos permitirá indagar desde dónde viene ese impulso y en que lugar se encuentra esa programación en nuestro inconsciente, por las cuales nos manifestamos en ciertas situaciones y escenarios de una forma determinada. Así podremos cambiar ese impulso emocional. En vez de expresar un tipo de emoción no deseada, sabremos expresar otra más adecuada que nos permita comunicarnos con los demás sin crear un conflicto.

Algunos de los beneficios que nos brinda el modificar nuestros estados emocionales es poder decir todo lo que pensamos de una manera asertiva y sin faltar el respeto. Dejando el lugar de “víctimas de las situaciones”, es decir, culpar al otro como si fuese la causa de mi problema.

La Psicogenealogía facilita el desarrollo de la inteligencia emocional porque nos enseña a buscar las resonancias familiares, la información que heredamos de nuestros padres y de todo nuestro clan familiar. Al indagarlas, nos comprendemos, nos libramos de ataduras emocionales y nos evitamos hacer juicios, provocando un beneficio en nuestro estado de salud.

Nos permite comprender por qué nuestros padres y/o generación actuaron como lo hicieron sin la necesidad de culparnos sino comprendiendo que ellos actuaron de la mejor manera que pudieron en cada momento. Nuestro deber es evitar juzgarlos, logrando trascender esa información que nos enseña a desarrollar consciencia.

Tania Druetta. Especialista en Psicogenealogía.

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