SAL DE MÍ, ANSIEDAD

SAL DE MÍ, ANSIEDAD

''SAL DE MÍ, ANSIEDAD'' (2)

Quizá estás experimentando esta emoción y quieras luchar contra ella. Se volvió moneda corriente en los tiempos que vivimos: multitareas, conciliación laboral y familiar, teletrabajo, altas exigencias, estrés acumulado, la ´´obligación´´ impuesta por nosotros mismos de querer llegar a hacer todo de manera perfecta.

A lo largo del día tenemos tantas responsabilidades a las que prestar atención que podemos tener una sensación de agotamiento, de estar constantemente corriendo de un lado a otro. Pareciera que cuando acaba una tarea de repente han aparecido cuatro más.

Vivimos en una sociedad competitiva que muchas veces nos demanda que estemos en un constante estado de alerta, generándonos angustia y preocupación. Diferentes aspectos como la familia, el trabajo, los amigos, la economía, la salud, son partes de nuestras vidas e intervienen en nuestro bienestar de manera directa. Al intentar controlarlas (quizás para evitar posibles sorpresas desagradables) potenciamos nuestra ansiedad al no tener en cuenta que no somos capaces de controlar cada situación que ocurra. Aunque si somos responsables en la manera de actuar frente a cada una de ellas.

¿Qué ocurre cuando alguna/s de estas partes comienza a ir en sentido contrario al esperado?

Una reacción lógica será que comencemos un proceso de activación físico – psicológico – conductual que nos permitirá responder a lo que está ocurriendo. En muchas ocasiones los recursos personales y capacidades innatas podrán ayudarnos a gestionar todos estos eventos.

Ahora bien, cuando sentimos que no somos capaces de hacer frente a lo que nos sucede y vivimos en un constante estado de preocupación, se activa la ansiedad.

Dicho de otro modo, la ansiedad es el proceso que experimentamos cuando hay una anticipación en forma de preocupación, incertidumbre o miedo que interpretamos como peligroso o amenazante y que va acompañada de unas respuestas intensas en nuestro organismo, que nos imposibilita funcionar de manera correcta en nuestra vida cotidiana.

Estos tipos de respuestas además pueden aparecer sin un estímulo previo. El momento de la ansiedad está lleno de sensaciones, emociones y pensamientos muy desagradables que superan en gran medida a lo que nos está ocurriendo en realidad; y se mantienen de manera prolongada en el tiempo.

Estudios recientes sugieren que hasta un 18% de la población (en América Latina) ha sufrido trastornos de ansiedad en algún momento. Aunque se piensa que este porcentaje es mucho más elevado ya que hay personas que restan importancia a su salud mental y no acuden a una ayuda profesional cuando la necesitan.

Por tanto, que la persona experimente y sienta cierto miedo a la incertidumbre, a salir de su zona de confort, a lo que no conoce, a enfrentarse a una nueva tarea, a lo desconocido es totalmente normal y adaptativo. El problema da inicio cuando ese miedo incapacita, bloquea, inutiliza y nos hace sufrir interfiriendo en el día a día. La ansiedad es una emoción común y universal que nos afecta a todos, por ende, sentirte culpable por tenerla no tiene ningún sentido.

Es importante que aprendas a detectar si es posible que estés sufriendo ansiedad y de qué manera puede estar afectándote. Algunos de sus síntomas son:

  • Inquietud, tensión y agotamiento.
  • Dificultades para respirar, de manera rápida y superficial.
  • Hormigueo en extremidades, taquicardia, sudoración.
  • Alteraciones del sueño.
  • Problemas gastrointestinales.
  • Irritabilidad.
  • Dificultades para concentrarse o memorizar.
  • Dificultad para tomar decisiones.
  • Tristeza o mal humor.
  • Autoestima baja.
  • Problemas alimenticios.
  • Problemas de adicciones.
  • Dificultades en las relaciones sexuales.

A continuación, te brindo unos puntos sumamente importantes para que puedas prevenirla:

  1. Aprende a escuchar a tu cuerpo: date las horas de sueño que necesites, cuida tu alimentación, practica deporte de manera regular, establece esos descansos que sabes que necesitas.
  2. Realiza actividades que fomenten tu creatividad y bienestar personal: hacer caminatas, pintar, escribir, aprender a tocar un instrumento, practicar yoga/relajación, asistir a charlas que te interese, etc. Mantener al cerebro sorprendido es un gran factor de neuro-protección.
  3. Date un baño de naturaleza: siempre que puedas escápate al bosque, a la montaña o a la playa para reconectar contigo. El silencio es un muy buen aliado.
  4. Fortalece el músculo de la atención: practicar mindfulness nos ayuda a estar más atentos y reducir nuestros niveles de estrés.
  5. Organízate, prioriza y aprender a delegar: no todo es igual de urgente. Recuerda que la perfección no existe.
  6. Desarrolla tu inteligencia emocional: Conocer y entender nuestras emociones, aprender a decir “no” es un arte que nos lleva a tener mayores niveles de bienestar.
  7. Trátate como tratarías a un ser querido: Fomenta la amabilidad contigo mismo. Mantén tu autoestima en unos niveles saludables.
  8. Utiliza el humor y una actitud positiva: relativiza, no todo es tan importante.
  9. Buscar el apoyo de tus seres queridos: tanto familiares como amigos, fomentando y fortaleciendo esos vínculos.

TANIA DRUETTA. ESPECIALISTA EN PSICOGENEALOGÍA.

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